Y si llegara una sirena, por Jonathan Lesmes Palomino

Un sol de oro rebotaba sobre la infinidad de un mar azul, mientras caminábamos sobre la tan amarilla arena del Rodadero, el cual es un sector de playa (también llamado balneario) en la comuna de Gaira – Rodadero de la ciudad de Santa Marta, a orillas del mar Caribe en nuestra bella Colombia. Cabe resaltar que su desarrollo comenzó a mediados de los años 1950 y desde entonces se ha convertido en uno de los principales destinos turísticos de la zona del Atlántico. Los estudiantes del proyecto curricular Licenciatura en Biología de la Universidad Pedagógica Nacional disfrutábamos de sus atributos mientras indagábamos un poco sobre tan exótica diversidad y multiculturalidad del lugar hasta que el calor me obligo, con punzante palpitar en la garganta, de ir a buscar una bebida helada, con gotas que desdibujaran el recuerdo de mis dedos después de tomarla y dejarla reposar en la mesa, por lo que decidí acercarme a una pequeña tienda cerca de la entrada de la playa y fue allí donde vi a un hombre, cuyos recuerdos, quizás, acompañaban esa picara sonrisa mientras daba unos retoques con pintura roja a “la coqueta” una balsa y probablemente uno de sus amores marítimos. me acerque y aunque mi intención no era importunar tan galante e intimo coqueteo entre el amo y su objeto decidí preguntar (aunque ya era bastante obvio) que hacia y tras mi pregunta casi recitada aquel hombre de 63 años me respondió: -“estoy maquillando a la coqueta, porque tiene que verse linda para que los nos visiten quieran andar en ella”-. Esas palabras simples pero tan suyas fueron mas que suficiente para entender que aquella pequeña embarcación, no era solo una balsa, era confidente de sueños que se tragaba el mar después de golpetear la arena. Don Reynel Mendoza, como me contó que se llamaba, llevaba puesta una camisa roja algo desteñida, una pantaloneta amarilla, algunas manillas al parecer de semillas y tela y sus pies descalzos mostrando una tímida franja clara en la planta de sus pies que también compartía en sus manos ya que el resto de su piel café, quizás por el sol, quizás por sus orígenes, dejaban sobreponer algunas canas en su corto cabello y barba. Siguiendo sugerencias del docente Hector y dejándome llevar por la curiosidad, aunque tratando de evitar una entrevista, empecé a preguntar unas cuantas cosas a este hombre: -Don Reynel; ¿usted es oriundo de aquí?- él contesto: -yo soy nativo de san onofre, en un pequeño caserío muy cerca al archipiélago de san felipe, donde toda mi familia fue y ha sido pescadora, pero eso se lleno de hoteles y cosas y algunas gentes compraron tierras y otros nos fueron sacando de allí, por eso nos fuimos a vivir a Gaira aunque algunos hermanos también están en taganga porque ellos siguen pescando-. Su pregunta extensa y que trato de recrear desde lo que logre acordarme y anotar después me llevo a otra pregunta sencilla (y que en su momento, después de pronunciarla se me hizo nuevamente obvia): -Don Reynel y ¿usted también pesca?-, -claro mijo, ahoritica mismo no, porque aquí trabajo es moviendo gente y llevándolos en la coqueta a lugares cerca o a darles una vuelta por aquí cerquita, eso de pescar se ha puesto difícil, porque los peces ya no vienen a estas aguas, como que se han dado cuenta que uno se los come entonces ya no les gusta este lado del mar, yo creo que eso tambien es porque viene mucha gente y los estropea en el agua, y las basuras y eso, pero a veces, mas que todo en las mañanas pesco allá donde usted ve esas lanchas, (indicándome un punto en el mar) y pues si hay suerte uno saca buenos pescados, como atunes, jurelitos, pargos, unos que son rojos que no me acuerdo, a veces uno podía sacar tortuga y raya, pero eso es complicao porque si a uno lo ven se lo puede llevar la policía, ademas esos animalitos también se están acabando porque la carne se usa mucho, mas que todo para semana santa-. Entre sus palabras sentí que la voz se le desquebrajo un poco, como si un recuerdo hubiese venido a derrumbarlo todo, así que en ascuas de evitar un posible lamento, mande una pregunta al aire: -Don Reynel y ¿a usted le ha pasado algo raro estando en el mar?-, -huy eso lo que tengo son historias, el mar es bravo y aquí nos alimenta y da trabajo a todos, pero hay que adentrarcele con respeto, porque el mar es traicionero y eso hay mucha cosa que uno ni se imagina-. -vea pues y usted recuerda algo así bien raro, o más bien ¿algo que lo haya marcado?-, -claro, yo al principio no le comía mucho a esas cosas y un hermano,el Alonso una vez se fue a pescar con otra gente y eso les iba bien, pero una vez mi hermano llego blanqueao y casi como un papel del susto y eso quel man es más negro que yo-, -y que le paso-, – pues cuenta el Alonso que habían mandado la atarraya en un barco pesquero y que cuando la estaban recogiendo eso habia mucho pez y estaba pesada pero que de un momento a otro vieron como una cola muy larga y luego como una mano humana que intentaba meterse entre los peces, y que tenía mucha fuerza, entonces esa cosa haló la atarraya y la corto con algo, porque los peces se empezaron a salir, y mi hermano vio que tenía mitad humana y mitad de pez, pero no le alcanzo a ver la cara-, -¿cómo una sirena?-, -si, la misma, pues ese man como es todo mamagallo, no le pare bolas porque pensé que eran mentiras porque al otro día yo recibía ese turno y el man me quería asustar, pero me paso que cuando fuimo a pescar yo escuche la voz así como de una mujer, en el mismo lugar que había pescado mi hermano y eso la ecuchamos todos y claro yo me asusté pero habían unos amigos que parecían como embobaos y claro la sirena los estaba controlando y uno se cayó al mar.-, -¿y que le paso, que hicieron?, pregunté.-, -pues nada, cuando el man cayó, los otros como que reaccionaron pero no se veía nada y uno de los del barco salto al agua pero no lo vio y eso nunca se encontró ni el cuerpo ni nada, la sirena se lo llevo para comérselo o algo así, porque ustedes cuentan mentiras a los niños, que las sirenas son amigas y viven en castillos en el mar y eso no es cierto, esas cosas son bien malas y pues yo no le vi la cara, pero los que la vieron bien decían que parecía como con cabeza e pescado y cuerpo la parte de arriba humana con manos y luego la cola como la de un tiburón, y eche que yo jamás volví a ir a ese lugar, pero yo sé que lo mato pero no dejo ni una gota de sangre, esque esos bichos como que drogan a la gente y así los atrapan, y la gente me dice que estaba loco o borracho pero yo se lo que vi y sé que esa cosa sigue por ahi robándose manes, y eso que solo es una de las mil cosas que nos pasan en el mar, aqui se les ha aparecido como monstruos, personas caminando en el agua o pidiendo ayuda cuando uno se mete a desenredar la malla y los escucha uno hablando dentro del agua, eso jummm a mí me han pasado muchas y si le pregunta a cualquier otro tiene mil historias más.-, en ese momento y entre su historia me comento pequeñas cosas de cómo se preparaba para ir a pescar y que comía en el mar, pero dadas las dinámicas de la U me toco despedirme y dejar la esperanza de encontrármelo más adelante para que me siga contando sus historias o quien sabe, toparme con una sirena en ese mágico mar de azules imperdibles.

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